Pichincha y Cotopaxi (Ecuador) · Colombia
Volcán Cotopaxi
Estratovolcán nevado de unos 5.897 m de altitud, situado al sur de Quito. Su glaciar de cumbre lo convierte en una de las fuentes de lahares más importantes de la región, como mostró la erupción de 1877. Monitoreado por el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional.
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- Nivel de alerta
- Amarillo
- Altitud
- 5897 m s. n. m.
- Tipo
- Estratovolcán nevado (glaciar de cumbre)
- Coordenadas
- -0.68°, -78.44°
Actividad reciente registrada
Actividad sísmica, desgasificación y emisiones de ceniza; lahares documentados en la erupción de 1877.
La actividad de un volcán se sigue por varias vías simultáneas: la sismicidad volcano-tectónica y de largo período, la deformación del edificio medida con GNSS e inclinómetros, la emisión de dióxido de azufre, la temperatura de fumarolas y la observación visual y térmica con cámaras fijas. Un cambio en una sola de esas variables rara vez basta para modificar el nivel de alerta.
Sismicidad asociada
Los sismos volcánicos se distinguen de los tectónicos por su forma de onda y su profundidad. Los volcano-tectónicos reflejan fracturación de roca por el empuje del magma y se parecen a un sismo pequeño y muy superficial. Los de largo período y el tremor reflejan el movimiento de fluidos y magma dentro del conducto: son la señal que más se vigila porque suele preceder a los cambios eruptivos.
En la sección de sismicidad en vivo de este sitio verá eventos del área volcánica cuando el feed del USGS los reporte, pero la vigilancia volcánica de detalle no pasa por ese feed: la realizan las redes locales de los observatorios del SGC.
Amenazas que puede generar el Volcán Cotopaxi
En un estratovolcán nevado como el Cotopaxi, el peligro más característico son los lahares. Se forman cuando el material caliente de una erupción funde parte del glaciar de la cumbre, y el agua resultante se mezcla con ceniza, bloques y lodo para formar un flujo denso que desciende por los drenajes del volcán. Los lahares viajan mucho más lejos que cualquier otro producto volcánico y siguen siendo peligrosos después de la erupción, porque el material queda en las laderas y la lluvia puede removilizarlo. La historia de 1877 es el recordatorio de ese alcance.
Las erupciones explosivas pueden además generar flujos piroclásticos y oleadas que descienden por los flancos a gran velocidad, con proyectiles balísticos en las zonas próximas al cráter. La caída de ceniza es el efecto que alcanza mayor extensión: el viento transporta las partículas finas decenas o cientos de kilómetros y las deposita sobre Quito y otras ciudades de la sierra, con efectos en la salud respiratoria, en los cultivos, en el agua y en la aviación. La cantidad depositada depende del tamaño de la columna y de la dirección del viento.
Las coladas de lava en un edificio de composición andesítica tienden a ser viscosas y de alcance limitado, aunque destruyen lo que encuentran en las laderas altas. Los gases volcánicos completan el cuadro y pueden acumularse en hondonadas. En conjunto, el Cotopaxi concentra una de las amenazas volcánicas más complejas del Ecuador, porque un solo edificio combina peligros explosivos, caída de ceniza y una red de drenajes por la que pueden descender lahares hacia zonas pobladas e infraestructura importante.
Historia eruptiva y por qué se vigila
La erupción de 1877 es la referencia central de la historia eruptiva del Cotopaxi. En ella, la interacción entre el material caliente y el glaciar de la cumbre generó lahares que descendieron por los ríos que nacen en el volcán y recorrieron distancias considerables hacia los valles, afectando poblaciones y cultivos. Ese episodio definió la forma en que se entiende la amenaza del volcán y es la base de los escenarios que manejan las autoridades.
El Cotopaxi ha tenido numerosos episodios eruptivos a lo largo de su historia, alternando periodos de calma con fases de actividad explosiva y de emisión de ceniza. Esa recurrencia es la que justifica la vigilancia permanente y la elaboración de mapas de amenaza detallados. La comparación entre el comportamiento actual y el registrado en el pasado permite interpretar si las señales se apartan de lo habitual, aunque nunca permite fijar una fecha de erupción.
En tiempos recientes el volcán ha atravesado episodios de aumento de la sismicidad y de la desgasificación que han mantenido la atención del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional y de las autoridades. Esos episodios no han desembocado necesariamente en una erupción mayor, pero sí justifican un seguimiento estrecho y la actualización continua de los planes de respuesta. La vigilancia del Cotopaxi es una de las prioridades del sistema volcánico ecuatoriano por la población que vive en su área de influencia.
Cómo se vigila y qué significa su nivel de alerta
El Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional vigila el Cotopaxi con una red que combina varias señales. La sismicidad se clasifica según su origen, distinguiendo la fracturación de roca de las señales asociadas al movimiento de fluidos y magma, y se sigue su evolución en el tiempo y en profundidad. La deformación del edificio se mide con estaciones GNSS e inclinómetros, y se monitorea la emisión de dióxido de azufre y otros gases. Las cámaras térmicas y visuales y las campañas de campo completan el cuadro.
Un nivel amarillo sostenido significa que el volcán está inquieto y bajo observación cercana, no que una erupción sea inminente. En el Cotopaxi ese estado puede acompañarse de sismicidad variable, cambios en la desgasificación y emisiones menores de ceniza sin que se produzca una erupción mayor. El nivel describe el comportamiento observado con instrumentos y se revisa de manera continua; puede mantenerse durante meses o años. La fuente válida para conocer el estado actual es el boletín oficial del Instituto Geofísico.
Para la población del entorno del Cotopaxi, la preparación debería estar resuelta antes de cualquier emergencia. Conviene conocer la zona de amenaza por lahares y por caída de ceniza según los mapas oficiales, identificar la ruta de evacuación y el punto de encuentro, y prever protección respiratoria, reservas de agua y un plan para los cultivos y los animales. Como el descenso de un lahar puede ser rápido, la evacuación anticipada es la medida más útil. Este texto es divulgativo: el nivel de alerta, los mapas y las rutas oficiales son los del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional y de las autoridades locales.
Fuentes
- › Servicio Geológico Colombiano — Observatorios Vulcanológicos y Sismológicos de Manizales, Popayán y Pasto (boletines de actividad).
- › Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) — planes de respuesta ante actividad volcánica.