Nariño (Colombia) · Colombia

Volcán Cumbal

El volcán activo más austral de Colombia, ubicado en la frontera con Ecuador. Presenta actividad hidrotermal y sismicidad de fractura.

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Nivel de alerta
Verde
Altitud
4764 m s. n. m.
Tipo
Estratovolcán Compuesto
Coordenadas
0.95°, -77.87°

Actividad reciente registrada

Fumarolas en los cráteres Mundo Nuevo y Plazuelas

La actividad de un volcán se sigue por varias vías simultáneas: la sismicidad volcano-tectónica y de largo período, la deformación del edificio medida con GNSS e inclinómetros, la emisión de dióxido de azufre, la temperatura de fumarolas y la observación visual y térmica con cámaras fijas. Un cambio en una sola de esas variables rara vez basta para modificar el nivel de alerta.

Sismicidad asociada

Los sismos volcánicos se distinguen de los tectónicos por su forma de onda y su profundidad. Los volcano-tectónicos reflejan fracturación de roca por el empuje del magma y se parecen a un sismo pequeño y muy superficial. Los de largo período y el tremor reflejan el movimiento de fluidos y magma dentro del conducto: son la señal que más se vigila porque suele preceder a los cambios eruptivos.

En la sección de sismicidad en vivo de este sitio verá eventos del área volcánica cuando el feed del USGS los reporte, pero la vigilancia volcánica de detalle no pasa por ese feed: la realizan las redes locales de los observatorios del SGC.

Amenazas que puede generar el Volcán Cumbal

El Cumbal es un estratovolcán compuesto: su edificio resulta de la superposición de varios centros eruptivos, y esa arquitectura condiciona el peligro. Una erupción explosiva podría generar flujos piroclásticos y oleadas que descenderían por las quebradas de los flancos, con trayectorias que dependen de cuál sea el centro activo. En las proximidades de los cráteres se suman los proyectiles balísticos, fragmentos lanzados en trayectoria parabólica que caen a distancia variable. Los gases volcánicos, presentes de forma permanente en las fumarolas, pueden acumularse en depresiones del terreno y en valles cerrados, donde alcanzan concentraciones capaces de afectar a personas y animales.

La caída de ceniza es el efecto que alcanzaría mayor extensión en caso de una erupción explosiva. Las partículas finas viajan con el viento y pueden depositarse sobre cultivos, pastos y fuentes de agua a decenas de kilómetros del cráter, con efectos en la salud respiratoria y ocular de la población. En una zona de vocación agrícola y ganadera como el altiplano nariñense, la ceniza afecta el forraje y puede obligar a proteger o trasladar animales. El agua captada en ríos y quebradas puede volverse turbia y requerir tratamiento adicional. La magnitud del depósito depende del tamaño de la erupción y del viento.

Los lahares son un peligro que puede activarse incluso sin una erupción grande, porque el material suelto acumulado en las laderas y los cauces se removiliza con las lluvias intensas. En un edificio compuesto, los drenajes que nacen entre los distintos centros pueden canalizar flujos de lodo que afectan vías y poblaciones río abajo. A esto se suma la actividad hidrotermal: aguas ácidas y gases que alteran la roca, la debilitan y pueden favorecer deslizamientos en las laderas. Las coladas de lava tienen, en un estratovolcán de este tipo, alcance limitado y suelen ser menos relevantes que los peligros explosivos y de removilización. El riesgo no desaparece porque el volcán esté en verde.

Historia eruptiva y por qué se vigila

El registro geológico del Cumbal indica que su edificio se ha construido por la acumulación de productos de varias fases eruptivas, algunas efusivas y otras explosivas. Esa reconstrucción proviene del estudio de los depósitos que afloran en los flancos y en los valles vecinos, no de crónicas escritas. La sucesión de centros eruptivos superpuestos explica por qué el volcán tiene una forma compuesta y por qué su mapa de amenaza considera varios escenarios posibles. La historia geológica es la herramienta con la que se estima qué tipo de actividad cabe esperar en el futuro. Su comportamiento reciente se concentra en la desgasificación y en una sismicidad de baja magnitud, no en episodios eruptivos mayores.

El Cumbal es considerado un volcán activo y se encuentra bajo vigilancia permanente del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Pasto, del Servicio Geológico Colombiano. Esa vigilancia ha permitido caracterizar su comportamiento de base: una sismicidad de fractura de baja magnitud, actividad hidrotermal y fumarolas en sus cráteres. Ese conjunto de señales define lo que se considera actividad de fondo, es decir, el estado normal del volcán y no un anuncio de erupción. La comparación continua con esa línea base permite detectar desviaciones significativas si llegaran a producirse. Actualmente el volcán se encuentra en nivel verde, el de estabilidad relativa.

Que el Cumbal esté en nivel verde no significa que haya dejado de ser un volcán activo, sino que su comportamiento se mantiene dentro de lo esperado y no muestra señales de reactivación. El nivel verde es el estado de referencia y puede cambiar si la instrumentación detecta cambios sostenidos en la sismicidad, la deformación o la desgasificación. Su ubicación cerca de la frontera con Ecuador añade un elemento de coordinación, porque una eventual actividad podría afectar poblaciones de ambos lados. Este material es educativo: el nivel de alerta vigente, los mapas de amenaza y las rutas de evacuación oficiales son los que publican el Servicio Geológico Colombiano, la UNGRD y las autoridades municipales.

Cómo se vigila y qué significa su nivel de alerta

La vigilancia del Cumbal corresponde al Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Pasto, que mantiene instrumentación permanente aunque el volcán esté en nivel verde. La red registra la sismicidad y separa los eventos de fracturación de los asociados a fluidos, mide la deformación del edificio con GNSS e inclinómetros y monitorea la emisión de dióxido de azufre y otros gases. Las cámaras térmicas y visuales permiten observar las fumarolas y detectar cambios en su intensidad. Las campañas de campo complementan esos datos con estudios geológicos e hidrotermales que actualizan el conocimiento del sistema.

El nivel verde describe un volcán que se comporta dentro de sus parámetros de base y que permanece bajo monitoreo; no es una declaración de ausencia de riesgo ni una garantía a futuro. Los volcanes activos pueden pasar de la calma a la inquietud en periodos variables, y por eso la instrumentación no se retira. Si las señales se apartaran de la línea base de forma sostenida, el observatorio lo reportaría y el nivel podría subir. La escala de niveles describe el comportamiento observado y su evolución, nunca una fecha de erupción. El boletín oficial es la única fuente válida para conocer el estado actual.

Aun en nivel verde, las comunidades del entorno del Cumbal deberían tener resueltas algunas decisiones básicas. Conviene conocer los mapas oficiales de amenaza, identificar si la vivienda está en zona de caída de ceniza o de flujos y saber por dónde se evacuaría en cada caso. También es prudente proteger las fuentes de agua, disponer de protección respiratoria y tener un plan para el ganado y los cultivos. La preparación no depende de que el volcán esté inquieto. Este texto es divulgativo: el nivel de alerta, los mapas de amenaza y las rutas de evacuación oficiales son los del Servicio Geológico Colombiano, la UNGRD y las alcaldías.

Fuentes

  • › Servicio Geológico Colombiano — Observatorios Vulcanológicos y Sismológicos de Manizales, Popayán y Pasto (boletines de actividad).
  • › Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) — planes de respuesta ante actividad volcánica.