Nariño (Colombia) · Colombia
Volcán Galeras
Uno de los volcanes más activos de América del Sur, situado a escasos 9 km al occidente de la ciudad de Pasto. Genera enjambres sísmicos por fracturamiento de roca y dinámica de fluidos.
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- Nivel de alerta
- Amarillo
- Altitud
- 4276 m s. n. m.
- Tipo
- Complejo Volcánico Activo
- Coordenadas
- 1.22°, -77.36°
Actividad reciente registrada
Sismicidad volcano-tectónica recurrente
La actividad de un volcán se sigue por varias vías simultáneas: la sismicidad volcano-tectónica y de largo período, la deformación del edificio medida con GNSS e inclinómetros, la emisión de dióxido de azufre, la temperatura de fumarolas y la observación visual y térmica con cámaras fijas. Un cambio en una sola de esas variables rara vez basta para modificar el nivel de alerta.
Sismicidad asociada
Los sismos volcánicos se distinguen de los tectónicos por su forma de onda y su profundidad. Los volcano-tectónicos reflejan fracturación de roca por el empuje del magma y se parecen a un sismo pequeño y muy superficial. Los de largo período y el tremor reflejan el movimiento de fluidos y magma dentro del conducto: son la señal que más se vigila porque suele preceder a los cambios eruptivos.
En la sección de sismicidad en vivo de este sitio verá eventos del área volcánica cuando el feed del USGS los reporte, pero la vigilancia volcánica de detalle no pasa por ese feed: la realizan las redes locales de los observatorios del SGC.
Amenazas que puede generar el Volcán Galeras
El Galeras es un complejo volcánico activo cuyo peligro principal es de tipo explosivo. Sus erupciones tienden a fragmentar magma rico en gas, lo que genera flujos piroclásticos y oleadas que descienden por las quebradas de los flancos sin un cauce preferente claro. En la zona más próxima al cráter se suman los proyectiles balísticos, bloques expulsados a gran velocidad que pueden caer a más de un kilómetro y medio del punto de emisión. Los gases, en particular el dióxido de azufre, se acumulan en depresiones y pueden alcanzar concentraciones irritantes o peligrosas. La cercanía entre el cráter y las zonas de trabajo y visita es lo que hace crítica la restricción de acceso.
La ciudad de Pasto está a pocos kilómetros del cráter, de modo que la caída de ceniza es el efecto más probable sobre población urbana. Dependiendo del viento, una erupción puede depositar ceniza sobre la ciudad y sobre los municipios vecinos, con efectos en la salud respiratoria y ocular, en los cultivos de la región andina y en el suministro de agua. La ceniza fina también afecta la aviación y puede obligar a suspender operaciones en los aeropuertos del área. En el suelo, una capa compacta reduce la infiltración y puede favorecer escorrentías, mientras que la ceniza removilizada por el viento sigue afectando la calidad del aire después de la erupción.
Los lahares son un peligro indirecto pero serio: la ceniza y los depósitos piroclásticos que quedan en las laderas pueden ser arrastrados por las lluvias y formar flujos de lodo que bajan por los drenajes hacia zonas pobladas. Ese mecanismo puede repetirse durante temporadas lluviosas mucho después de la erupción, porque el material sigue disponible en las pendientes. Las coladas de lava tienen, en un edificio de composición andesítica y dacítica, un alcance limitado y son más viscosas, aunque pueden destruir todo a su paso en las laderas altas. La presencia de varios centros de emisión en el complejo hace que el mapa de amenaza no sea un círculo simple alrededor de un solo cráter.
Historia eruptiva y por qué se vigila
El Galeras tiene una larga historia de erupciones explosivas documentadas, y por eso figura entre los volcanes con mayor recurrencia eruptiva del país. Su registro incluye episodios de emisión de ceniza, explosiones con proyectiles y cambios en la actividad de sus fumarolas. Esa historia es la que sostiene los mapas de amenaza y las zonas de restricción que hoy rodean el cráter. La vigilancia moderna intenta reconocer en las señales instrumentales los patrones que en el pasado precedieron a las erupciones, aunque la comparación nunca permite fijar una fecha.
La erupción de 1993 mató a varios científicos y visitantes que se encontraban dentro del cráter durante una campaña de campo. El episodio conmocionó a la comunidad vulcanológica y se convirtió en un punto de inflexión para la comunicación del riesgo en todo el mundo: mostró que un volcán podía sorprender a personas entrenadas y que la confianza en un aparente estado de calma podía ser letal. A partir de entonces se endurecieron los protocolos de acceso al cráter y se reforzó la idea de que la seguridad en el trabajo de campo no depende solo del conocimiento científico, sino de reglas explícitas y de canales de comunicación claros.
Desde entonces el Galeras ha permanecido largos periodos en nivel amarillo, con sismicidad volcano-tectónica recurrente y episodios de desgasificación y emisión de ceniza. El Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Pasto, del Servicio Geológico Colombiano, es la entidad que mantiene la vigilancia y publica los boletines. Su cercanía a la ciudad obliga a que cada cambio de nivel se traduzca en decisiones concretas para la población. Este material es educativo: el nivel de alerta vigente, los mapas de amenaza y las rutas de evacuación son los que publican el Servicio Geológico Colombiano, la UNGRD y las autoridades municipales.
Cómo se vigila y qué significa su nivel de alerta
El Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Pasto vigila el Galeras con una red densa y de respuesta rápida. Registra sismicidad volcano-tectónica, asociada al fracturamiento de roca, y sismicidad de largo período y tremor, asociada al movimiento de fluidos; la distinción importa porque indica si el sistema se está rompiendo o si el magma y los gases se están desplazando. Mide además la deformación del edificio con GNSS e inclinómetros, la emisión de dióxido de azufre y otros gases y la temperatura de las fumarolas, y usa cámaras térmicas y visuales. Las campañas de campo complementan esos datos con muestreo de ceniza y revisión de depósitos.
Un nivel amarillo sostenido durante años significa que el volcán presenta inquietud por encima de su comportamiento de base, que está bajo observación estrecha y que no hay una erupción inminente anunciada. Es un estado que puede prolongarse mucho tiempo, con altibajos en las señales, y que no autoriza a concluir ni que no pasará nada ni que algo pasará pronto. El nivel se fija con el conjunto de las variables, no con un solo dato, y se revisa de manera continua. La única fuente válida para conocer el estado actual es el boletín oficial del observatorio.
Para la población de Pasto y los municipios vecinos, la preparación debería estar decidida antes de cualquier emergencia. Conviene tener claro si la vivienda está en zona de amenaza por caída de ceniza o por flujos, cuál es la vía de salida y dónde está el punto de encuentro, y cómo proteger el agua y las vías respiratorias. También es útil acordar con la familia qué hacer si la erupción ocurre de noche o si los niños están en el colegio. Este texto es divulgativo: el nivel de alerta, los mapas de amenaza y las rutas de evacuación oficiales son los del Servicio Geológico Colombiano, la UNGRD y las alcaldías.
Fuentes
- › Servicio Geológico Colombiano — Observatorios Vulcanológicos y Sismológicos de Manizales, Popayán y Pasto (boletines de actividad).
- › Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) — planes de respuesta ante actividad volcánica.