Tolima / Caldas (Colombia) · Colombia
Volcán Nevado del Ruiz
Ubicado en la Cordillera Central. Su erupción en 1985 originó la tragedia de Armero. Monitoreado permanentemente por el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales (SGC).
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- Nivel de alerta
- Amarillo
- Altitud
- 5321 m s. n. m.
- Tipo
- Estratovolcán con Glaciar
- Coordenadas
- 4.89°, -75.32°
Actividad reciente registrada
Actividad sísmica constante y emisiones de ceniza
La actividad de un volcán se sigue por varias vías simultáneas: la sismicidad volcano-tectónica y de largo período, la deformación del edificio medida con GNSS e inclinómetros, la emisión de dióxido de azufre, la temperatura de fumarolas y la observación visual y térmica con cámaras fijas. Un cambio en una sola de esas variables rara vez basta para modificar el nivel de alerta.
Sismicidad asociada
Los sismos volcánicos se distinguen de los tectónicos por su forma de onda y su profundidad. Los volcano-tectónicos reflejan fracturación de roca por el empuje del magma y se parecen a un sismo pequeño y muy superficial. Los de largo período y el tremor reflejan el movimiento de fluidos y magma dentro del conducto: son la señal que más se vigila porque suele preceder a los cambios eruptivos.
En la sección de sismicidad en vivo de este sitio verá eventos del área volcánica cuando el feed del USGS los reporte, pero la vigilancia volcánica de detalle no pasa por ese feed: la realizan las redes locales de los observatorios del SGC.
Amenazas que puede generar el Volcán Nevado del Ruiz
En un estratovolcán con glaciar como el Nevado del Ruiz, el peligro más violento son los flujos piroclásticos y las oleadas asociadas. Se forman cuando una columna eruptiva colapsa o cuando un domo se derrumba, y descienden por las quebradas como una mezcla densa de gas caliente, ceniza y bloques que puede alcanzar velocidades muy altas. Las oleadas piroclásticas son la parte más diluida y turbulenta de ese flujo, y por eso pueden remontar crestas y alcanzar zonas que parecen protegidas por la topografía. Añaden peligro los proyectiles balísticos, fragmentos de roca lanzados en trayectoria parabólica desde el cráter, y los gases volcánicos, que tienden a acumularse en hondonadas y pueden ser tóxicos en concentraciones altas.
La caída de ceniza es el efecto que con mayor frecuencia llega lejos del cráter. El viento transporta las partículas finas decenas o cientos de kilómetros y, aunque una capa delgada parezca inofensiva, la ceniza es abrasiva y contiene vidrio y minerales que irritan las vías respiratorias y los ojos, sobre todo en personas con asma o enfermedad pulmonar. Sobre los cultivos actúa de varias formas: cubre las hojas y reduce la fotosíntesis, abrasiona los tejidos y contamina forrajes y fuentes de agua. Para la aviación es un riesgo directo, porque la ceniza puede dañar motores y reducir la visibilidad. En el agua potable aumenta la turbiedad y puede obstruir bocatomas y filtros.
Los lahares son el peligro que hace único al Ruiz y el que exige más atención río abajo. Se generan cuando el material piroclástico caliente funde parte del glaciar de la cumbre: el agua resultante se mezcla con ceniza, bloques y lodo y baja por los valles como un flujo denso capaz de arrastrar puentes y viviendas. Viajan mucho más lejos que cualquier otro producto volcánico y siguen siendo peligrosos mucho después de que termina la erupción, porque los depósitos quedan en las laderas y las lluvias pueden removilizarlos. Las coladas de lava, en un edificio de composición andesítica como este, tienden a ser viscosas y cortas, pero suelen acompañar la apertura de conductos.
Historia eruptiva y por qué se vigila
El 13 de noviembre de 1985 el Nevado del Ruiz produjo la erupción que define su historia moderna. El material piroclástico fundió parte del glaciar de la cumbre y el agua resultante formó lahares que descendieron por los valles de los ríos y sepultaron la población de Armero. La catástrofe es una de las peores de origen volcánico registradas en las Américas y marcó un antes y un después en la manera de comunicar el riesgo volcánico en el mundo. El episodio mostró que el peligro no está solo en el cráter: la mayor parte de las víctimas se produjo lejos del volcán, en los valles por donde bajó el lodo.
Antes de 1985 el volcán ya contaba con vigilancia instrumental continua a cargo del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, del Servicio Geológico Colombiano. Esa condición de volcán instrumentado se ha mantenido y reforzado desde entonces, de modo que hoy es uno de los edificios mejor observados del país. La serie histórica de datos permite comparar el comportamiento actual con el de décadas anteriores y detectar desviaciones que, por sí solas, no anuncian una erupción pero sí justifican un seguimiento más estrecho. Esa continuidad es la base de cualquier interpretación del nivel de alerta.
En años recientes el Ruiz ha permanecido largos periodos en nivel amarillo, con episodios de emisión de ceniza y aumentos de la sismicidad que no han desembocado en una erupción de consecuencias comparables a las de 1985. Esos episodios son precisamente el objeto de la vigilancia moderna: emisiones menores, cambios en el tipo y la profundidad de los sismos y variaciones en la desgasificación. La lectura correcta de esos periodos es la de un volcán en estado de inquietud bajo observación permanente. Este texto es material educativo: el nivel de alerta vigente, los mapas de amenaza y las rutas de evacuación oficiales son los que publican el Servicio Geológico Colombiano, la UNGRD y las autoridades municipales.
Cómo se vigila y qué significa su nivel de alerta
El Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales mantiene sobre el Ruiz una red que combina varias señales. La sismicidad se clasifica según su origen: los sismos volcano-tectónicos reflejan fracturamiento de roca, mientras que los de largo período y el tremor registran el movimiento de fluidos y magma en el conducto. La deformación del edificio se mide con estaciones GNSS e inclinómetros, que detectan inflamientos o desinflamientos de la cumbre. A esto se suman la medición de dióxido de azufre y otros gases, las cámaras térmicas y visuales y las campañas de campo para muestrear ceniza y revisar depósitos.
Un nivel amarillo sostenido significa que el volcán está inquieto y bajo observación cercana, no que una erupción sea inminente ni que tenga fecha. Las autoridades lo mantienen mientras las variables muestran variaciones por encima de lo habitual pero sin una aceleración que justifique pasar a naranja. El nivel describe el comportamiento actual observado con instrumentos y se revisa de forma continua; puede durar meses o años. Por eso conviene evitar las dos lecturas equivocadas: ni tranquilidad total porque no haya erupción, ni alarma permanente porque el boletín no cambie.
Quien vive cerca del Ruiz debería haber decidido de antemano varias cosas. La primera es saber si su vivienda está en zona de amenaza por lahares o por caída de ceniza según los mapas oficiales, y cuál es la ruta de evacuación y el punto de encuentro, tanto de día como de noche. La segunda es tener reservas de agua protegidas, tapabocas o pañuelos para las vías respiratorias y provisiones para varios días. La tercera es identificar el canal oficial de información y no depender de rumores. Este texto es divulgativo: el nivel de alerta, los mapas y las rutas oficiales son los del Servicio Geológico Colombiano, la UNGRD y las alcaldías.
Fuentes
- › Servicio Geológico Colombiano — Observatorios Vulcanológicos y Sismológicos de Manizales, Popayán y Pasto (boletines de actividad).
- › Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) — planes de respuesta ante actividad volcánica.