NEC-SE-DS · Ecuador

NEC · Sierra — Zona de amenaza alta (sierra del Ecuador)

Zona de amenaza alta según la NEC-SE-DS. El rango de aceleración de diseño en roca es PGA de diseño en el orden de 0,40 g.

Contenido revisado en septiembre de 2026Metodología y fuentesReportar una corrección

Nivel de amenaza
Alta
Norma aplicable
NEC-SE-DS
Aceleración de diseño
PGA de diseño en el orden de 0,40 g
País
Ecuador

Regiones comprendidas

  • Quito
  • Ambato
  • callejón interandino

Por qué Ecuador clasifica esta zona así

La zona de amenaza alta de la sierra ecuatoriana responde a un régimen distinto del de la costa. Aquí la fuente dominante son las fallas corticales del callejón interandino, estructuras inversas y de rumbo que acomodan la compresión que la convergencia de la Placa de Nazca transmite hacia el interior de los Andes. El Sistema de Fallas de Quito es el ejemplo más estudiado, pero no el único: todo el corredor entre las cordilleras Occidental y Oriental concentra fallas activas.

Los sismos de este régimen son superficiales, con focos de pocos kilómetros a pocas decenas de kilómetros, y su sacudida se concentra cerca de la traza. Su magnitud máxima esperable es menor que la de la subducción, pero la probabilidad de que ocurran justo bajo un núcleo urbano es mucho mayor. En la sierra se concentra además la mayor parte de la población del país, lo que eleva la exposición de forma considerable.

A la amenaza sísmica se suma la volcánica. El Cotopaxi, el Tungurahua y otros volcanes del arco andino se sitúan en esta misma franja, y sus lahares, caídas de ceniza y flujos afectan los mismos valles y corredores que la sismicidad. La cuenca de Quito, rellena de depósitos volcano-sedimentarios blandos, añade un efecto de amplificación local que modifica la sacudida de cualquier fuente.

Los terremotos que explican esta clasificación

La sierra central y septentrional del Ecuador tiene uno de los registros sísmicos históricos más graves de los Andes. El terremoto de Riobamba de 1797, con magnitud estimada entre 7,6 y 8,3, causó del orden de 40.000 fallecidos y destruyó la ciudad, y es uno de los mayores desastres sísmicos documentados en Sudamérica. El terremoto de Ambato de 1949, con magnitud en torno a 6,8 y foco somero, destruyó Ambato y poblaciones vecinas y dejó del orden de 5.000 fallecidos.

La cuenca de Quito, por su parte, tiene un registro de sismos dañinos documentado desde la época colonial. La atribución de cada evento histórico a una traza concreta del sistema de fallas de Quito es difícil, porque varias estructuras cercanas compiten por la explicación y el registro anterior a la instrumentación se apoya en relatos de daño. Esa incertidumbre no cambia la lección principal: la sierra ha sido golpeada de forma repetida por sismos corticales destructivos.

El registro instrumental es corto en relación con los intervalos de recurrencia de las fallas corticales, que se cuentan en siglos. Un periodo sin un sismo destructivo no es una garantía de calma, sino una constatación de que la observación es más breve que el ciclo de la falla. La combinación de historia destructiva y observación corta es precisamente la que justifica una clasificación de amenaza alta para esta zona.

Qué implica construir en esta zona

Para la zona alta de la sierra, el valor de diseño en roca se sitúa, con fines ilustrativos, en el orden de 0,40 g según la NEC-SE-DS. Como en la costa, esa cifra es una aproximación y no reemplaza los mapas oficiales: los valores normativos exactos, los factores de sitio y los espectros deben tomarse de la propia norma y de sus actualizaciones, que son la referencia vinculante.

El efecto de sitio es, en esta zona, tan determinante como la fuente. La cuenca de Quito y los valles interandinos rellenos de depósitos blandos amplifican el movimiento y pueden alargar su duración, lo que castiga a los edificios altos. Por eso Quito y otras ciudades de la sierra cuentan con estudios de microzonificación que sustituyen el espectro genérico por uno específico de cada sector. Aplicar el espectro general en lugar del microzonificado puede sobreestimar o subestimar la demanda.

Las vulnerabilidades dominantes son conocidas: la construcción tradicional de adobe y tapial, muy extendida en la sierra, es la más frágil frente a sismos superficiales, como mostraron Ambato en 1949 y Riobamba en 1797. A ello se suman el piso blando, la mampostería no confinada y las ampliaciones informales. Ninguna de esas condiciones requiere un sismo excepcional para convertirse en un problema serio, y todas admiten medidas de reforzamiento relativamente accesibles.