COVENIN 1756 · Venezuela
COVENIN 1756 Zona 5, 6 y 7 — Amenaza Sísmica Alta y Extrema (Venezuela)
Zona de amenaza alta según la COVENIN 1756. El rango de aceleración de diseño en roca es A0 ≥ 0.25g - 0.40g.
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- Nivel de amenaza
- Alta
- Norma aplicable
- COVENIN 1756
- Aceleración de diseño
- A0 ≥ 0.25g - 0.40g
- País
- Venezuela
Regiones comprendidas
- Eje Andino (Táchira, Mérida, Trujillo)
- Cordillera de la Costa (Caracas, La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo)
- Oriente (Sucre, Cumaná, Cariaco, Golfo de Paria)
Por qué Venezuela clasifica esta zona así
La amenaza alta venezolana proviene del límite entre la Placa del Caribe y la Placa Suramericana, que se desplazan una respecto a la otra a unos dos centímetros por año. Ese movimiento no se acomoda en una sola estructura, sino en un cinturón de fallas de rumbo dextral que atraviesa el país de oeste a este. Las tres piezas principales son la Falla de Boconó, que recorre el eje andino a lo largo de varios cientos de kilómetros, la Falla de San Sebastián, que cruza el centro del país, y la Falla de El Pilar, que domina el oriente.
La tasa de deslizamiento de estas fallas se cuenta entre las más altas documentadas en fallas continentales, y eso tiene una consecuencia directa: el tiempo necesario para acumular la deformación que libera un sismo grande es comparativamente corto. La Falla de Boconó, en particular, es una de las estructuras de rumbo más activas del mundo, con una longitud capaz de sostener rupturas de magnitud alta a lo largo de segmentos extensos.
Cada tramo tiene además un comportamiento propio. En la Cordillera de la Costa, el relieve y la cuenca sedimentaria de Caracas introducen un factor adicional: la ciudad está asentada en parte sobre depósitos aluviales blandos, y en ellos la sacudida se amplifica respecto a las laderas de roca que la rodean. En el oriente, la cuenca de Cariaco y el Golfo de Paria añaden un componente de subsidencia y de posible generación de tsunami local.
Los terremotos que explican esta clasificación
El terremoto del Jueves Santo de 1812 es el evento de referencia de la sismología venezolana. Con magnitud estimada en torno a 7,7, destruyó Caracas, La Guaira y buena parte de las poblaciones del centro del país. Su reconstrucción a partir de documentos de la época, y no de registros instrumentales, es un buen recordatorio de que los parámetros de los eventos antiguos son estimaciones con rangos amplios.
El terremoto de Cúcuta de 1875, con magnitud también cercana a 7,5, arrasó la ciudad y las poblaciones del Táchira y del norte de Santander. El gran terremoto de los Andes venezolanos de 1894 y el evento de San Narciso de 1900 completan un siglo XIX y un inicio del XX excepcionalmente activos en el occidente y el oriente del país. El terremoto de Cumaná de 1929, con magnitud moderada, se recuerda sobre todo por el tsunami asociado en la cuenca de Cariaco.
Ya en la era instrumental, dos eventos cambiaron la forma de ver el riesgo urbano. El terremoto de Caracas de 1967, con magnitud cercana a 6,6, hizo colapsar varios edificios de altura media en la ciudad y dejó alrededor de doscientos cincuenta muertos: demostró que en esta zona una magnitud moderada basta cuando se combinan suelo blando, edificaciones irregulares y falta de detallado dúctil. El terremoto de Cariaco de 1997, con magnitud cercana a 7,0 y foco somero, volvió a mostrar el mismo mecanismo en una población pequeña, con daño prácticamente total en el casco urbano.
Qué implica construir en esta zona
La COVENIN 1756 asigna a estas zonas los valores de aceleración horizontal en roca más altos del país, desde 0,25 g hasta 0,40 g. Como en el caso colombiano, ese valor es el punto de partida y no el resultado: se corrige por el perfil de suelo del sitio y por el coeficiente de importancia de la edificación, de modo que un hospital o una escuela deben diseñarse con una demanda mayor que una vivienda porque se espera que sigan operando después del sismo.
La norma exige análisis dinámico para estructuras irregulares o de cierta altura, y reserva el método estático equivalente para edificaciones regulares y bajas. La razón es que la respuesta de una estructura no depende solo de su resistencia total, sino de cómo distribuye esa resistencia y rigidez en planta y en altura: una planta baja abierta y flexible respecto a los pisos superiores concentra la demanda en un solo nivel y es uno de los patrones de colapso más repetidos en los sismos de la región.
El punto débil no suele estar en la norma, que es técnicamente sólida, sino en su aplicación. Una proporción considerable del parque construido antecede a la normativa vigente o se levantó sin permiso ni supervisión técnica, y las ampliaciones informales suelen romper precisamente los elementos que garantizaban la continuidad estructural. Donde existe microzonificación —el caso de Caracas es el más desarrollado— ese estudio sustituye al espectro genérico y es la referencia aplicable.