REP · Panamá
REP · Amenaza alta — Zona de amenaza sísmica alta (occidente de Panamá)
Zona de amenaza alta según la REP. El rango de aceleración de diseño en roca es Aceleración espectral de diseño en el orden de 1,0 g.
Contenido revisado en septiembre de 2026Metodología y fuentesReportar una corrección
- Nivel de amenaza
- Alta
- Norma aplicable
- REP
- Aceleración de diseño
- Aceleración espectral de diseño en el orden de 1,0 g
- País
- Panamá
Regiones comprendidas
- Chiriquí
- Veraguas
- occidente de Panamá
Por qué Panamá clasifica esta zona así
La zona de amenaza alta del occidente de Panamá comprende, de manera aproximada, Chiriquí, Veraguas y el extremo occidental del país. Su clasificación responde a la confluencia de varias fuentes sismogénicas: la zona de fallas de Azuero–Soná, que atraviesa el suroccidente del istmo, y la influencia de los terremotos generados en la frontera con Costa Rica, como el de Limón de 1991. A ello se suma la proximidad al margen pacífico, donde la tectónica de las placas de Cocos y Nazca introduce una deformación adicional en el extremo occidental del país.
El occidente de Panamá no comparte la frecuencia de grandes terremotos que caracteriza a las costas de Chile o de Perú, y conviene decirlo con claridad. Su amenaza se expresa más bien como una combinación de sismos corticales superficiales de magnitud moderada y de la sacudida de eventos regionales fronterizos, que pueden ser fuertes aunque su epicentro esté en territorio vecino. Esa diferencia de escala respecto a las zonas de subducción del Pacífico sur es parte esencial de una descripción honesta de la amenaza.
La presencia del Volcán Barú añade una dimensión particular a la zona: la amenaza sísmica y la volcánica conviven en el mismo territorio, y una reactivación del volcán vendría acompañada de sismicidad volcano-tectónica que se sumaría a la de las fallas regionales. La autoridad de referencia para ambos fenómenos es el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, en lo sísmico y en lo volcánico, junto con las instituciones de protección civil para la gestión del riesgo.
Los terremotos que explican esta clasificación
El evento más relevante para la memoria sísmica del occidente de Panamá es el terremoto de Limón de 1991, de magnitud de momento 7,7, ocurrido en la frontera entre Costa Rica y Panamá. Se sintió con fuerza en Bocas del Toro y en Chiriquí, y causó daños en el occidente panameño, aunque los efectos más severos se concentraron en Costa Rica. Es el mayor sismo registrado instrumentalmente que ha afectado la región, y constituye la referencia principal para calibrar la amenaza en la zona alta.
El registro histórico del occidente es más escaso y menos detallado que el de la región central. La península de Azuero y las provincias de Veraguas y Chiriquí tuvieron durante siglos una ocupación dispersa, y sus archivos no permiten reconstruir un catálogo comparable al de la ciudad de Panamá. Esa limitación no significa ausencia de sismos, sino una observación insuficiente, y obliga a tratar las estimaciones de recurrencia con márgenes amplios.
La sismicidad instrumental reciente muestra actividad superficial de baja a moderada magnitud asociada a las fallas del occidente, lo que confirma que las estructuras están activas. Los eventos de Limón de 1991 y los sismos menores registrados en la frontera ilustran que la amenaza de esta zona no queda resuelta por la baja frecuencia de terremotos grandes, sino que es una condición que exige mantener la vigilancia y aplicar criterios de diseño conservadores.
Qué implica construir en esta zona
El Reglamento Estructural Panameño (REP) adopta un enfoque de diseño sísmico basado en el ASCE 7, adaptado a las condiciones del país. Para la zona alta, los valores de diseño se sitúan, en términos orientativos, en el orden de 1,0 g de aceleración espectral, aunque conviene subrayar que esa cifra es una referencia de divulgación y no sustituye los mapas oficiales del reglamento. Los valores normativos exactos, los espectros y los coeficientes de sitio deben tomarse de la versión vigente del REP y de sus mapas de amenaza.
Un valor de aceleración espectral de ese orden exige capacidades de disipación de energía altas y un detallado dúctil riguroso de pórticos y muros. La razón es que una demanda sísmica elevada agota con rapidez cualquier reserva de resistencia que no vaya acompañada de capacidad de deformación: una estructura rígida y frágil puede ser formalmente resistente y colapsar de manera súbita. El REP establece los requisitos específicos, y en esta zona deben aplicarse con particular cuidado.
Las condiciones locales del suelo introducen diferencias importantes dentro de la zona. Los valles aluviales y los terrenos costeros de Chiriquí y Veraguas pueden amplificar la sacudida y, en algunos casos, presentar susceptibilidad a licuefacción. La recomendación práctica es siempre la misma: el diseño debe basarse en el estudio de sitio y en los valores oficiales del REP, no en una zonificación simplificada como la que se presenta aquí con fines divulgativos.