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El límite Caribe-Suramérica: Boconó, San Sebastián y El Pilar
El norte de Venezuela no está atravesado por una falla, sino por un sistema de fallas que se relevan unas a otras a lo largo de más de 1.200 kilómetros para absorber, en conjunto, el movimiento relativo entre dos placas tectónicas.
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Un límite de placas transcurrente
La Placa del Caribe se desplaza hacia el este respecto a la Placa Suramericana a una velocidad del orden de dos centímetros anuales. Ese movimiento es predominantemente horizontal, de modo que el límite entre ambas no es una zona de subducción sino un régimen transcurrente dextral: los bloques se deslizan lateralmente.
Ese desplazamiento no se concentra en una sola fractura. Se reparte entre tres grandes sistemas que se relevan geográficamente: Boconó en los Andes, San Sebastián en la cordillera de la Costa y El Pilar en el oriente. A ellos se suman ramales secundarios y estructuras de acomodación en las zonas de transferencia entre uno y otro.
Boconó: los Andes venezolanos
La Falla de Boconó recorre más de 500 kilómetros por el eje central de la Cordillera de Mérida, atravesando Táchira, Mérida, Trujillo, Lara y Yaracuy. Su tasa de deslizamiento estimada oscila entre 3 y 14 milímetros por año según el segmento.
Su expresión geomorfológica es notable: valles alineados, lagunas de falla, drenajes desviados y escarpes que se siguen a lo largo de decenas de kilómetros. El potencial máximo estimado ronda los 7,8 Mw, y se le atribuye participación en los eventos de 1812 y 1894.
San Sebastián: el litoral central
La Falla de San Sebastián discurre por el margen costero central, frente a Aragua, La Guaira y Miranda, en gran parte bajo el mar. Es el segmento que pasa más cerca de la mayor concentración de población y de infraestructura crítica del país.
Esa proximidad es lo que la convierte en la estructura de mayor riesgo del sistema, no su tasa de deslizamiento. Con un potencial estimado en torno a 7,7 Mw, se le asocia tanto al evento de 1812 como al terremoto cuatricentenario de 1967.
El Pilar: del Golfo de Cariaco a Trinidad
La Falla de El Pilar se extiende más de 350 kilómetros por el oriente venezolano, desde la Fosa de Cariaco hasta el Golfo de Paria y Trinidad, con una tasa de movimiento de unos 12 milímetros anuales, la más alta de los tres sistemas.
Su actividad histórica es consistente con ese ritmo: los eventos de 1929 en Cumaná y de 1997 en Cariaco se sitúan sobre su traza, y el sismo de 7,3 Mw de Yaguaraparo en 2018 ocurrió en su prolongación oriental.
Qué significa para la planificación
La lección práctica del sistema es que la deformación es continua y medible. Los dos centímetros anuales de convergencia se acumulan como deformación elástica y acabarán liberándose en sismos, aunque no se pueda saber cuándo.
Eso convierte el diseño sismorresistente en las zonas 5, 6 y 7 de la COVENIN 1756 —el eje andino, la cordillera de la Costa y el oriente— en una obligación permanente y no en una precaución coyuntural. La geodesia GNSS permite hoy medir esa acumulación con precisión milimétrica, lo que es exactamente el tipo de dato con el que se calibran los modelos de amenaza.
Fuentes
- › FUNVISIS — Mapa de fallas cuaternarias de Venezuela
- › Audemard, F. — Neotectónica y paleosismología del occidente de Venezuela
- › USGS / ISC — Parámetros focales de eventos históricos