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Magnitud e intensidad sísmica: por qué no son lo mismo
Es la confusión más frecuente al hablar de sismos, y la que más malentendidos genera cuando llega un boletín oficial: la magnitud describe el sismo, la intensidad describe lo que ese sismo le hizo a un lugar concreto.
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La magnitud mide la fuente
La magnitud de momento (Mw) cuantifica la energía total liberada en el foco. Se calcula a partir del momento sísmico escalar, que es el producto de tres cantidades físicas: la rigidez de la roca, el área de la superficie que se desplazó y el desplazamiento promedio a lo largo de esa superficie. El resultado es un número único e intrínseco al evento: el terremoto de Caracas de 1812 tuvo 7,7 Mw en Caracas, en Maracaibo y en Tokio.
La escala es logarítmica, y el detalle importa más de lo que parece. Cada unidad de magnitud multiplica la amplitud registrada por diez, pero la energía liberada por unas treinta y dos veces. Dos unidades equivalen a unas mil veces más energía. Por eso decir que un sismo de 7,0 es "un poco más fuerte" que uno de 5,0 no es una imprecisión menor: es un error de tres órdenes de magnitud.
La antigua escala de Richter (ML) sigue siendo el nombre popular de todo esto, pero se satura por encima de 6,5 a 7,0 y fue calibrada para instrumentos y geología del sur de California. Los organismos oficiales reportan magnitud de momento desde hace décadas; cuando un titular menciona "grados en la escala de Richter" casi siempre está citando en realidad un valor Mw.
La intensidad mide los efectos
La intensidad de Mercalli Modificada (MMI) es una escala de doce grados, del I al XII, que se asigna observando qué ocurrió en un sitio: si la gente lo sintió, si se movieron los objetos, si se agrietaron los muros, si colapsaron las estructuras. No se mide con un instrumento sino con inspección y encuestas.
Un mismo sismo produce, por tanto, tantas intensidades como lugares se evalúen. El evento de Cariaco de 1997 alcanzó intensidad IX en Cariaco y apenas III o IV en Caracas. Y la intensidad no decae de forma limpia con la distancia: depende del suelo, de la topografía y de la calidad de la construcción local.
Esta es también la única herramienta disponible para asignar tamaño a sismos anteriores a la instrumentación. Toda la magnitud atribuida a los eventos de 1812 o 1875 se ha reconstruido a partir de relatos, actas de cabildo, inventarios de daño y correspondencia de la época, traducidos a intensidades y de ahí a una magnitud estimada con márgenes de incertidumbre amplios.
Por qué la distinción salva vidas
La consecuencia práctica es que la magnitud, por sí sola, es un predictor mediocre del daño. El terremoto de Popayán de 1983 tuvo 5,6 Mw —un valor modesto— y dejó cerca de 300 muertos y el centro histórico destruido, porque fue muy superficial, ocurrió justo bajo la ciudad y encontró un parque construido de tapia y adobe. En cambio, sismos de 6,5 Mw en el Nido de Bucaramanga se sienten en media Colombia y no rompen ni un vidrio, porque ocurren a 150 kilómetros de profundidad.
Cuando llegue un boletín, los cuatro datos que realmente informan sobre lo que cabe esperar son la magnitud, la profundidad, la distancia al epicentro y el tipo de suelo bajo los pies. Los cuatro juntos, nunca el primero solo.
Fuentes
- › USGS — Earthquake Magnitude, Energy Release and Shaking Intensity
- › FUNVISIS — Catálogo Sismológico Histórico Nacional
- › Servicio Geológico Colombiano — Red Sismológica Nacional de Colombia