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La mochila de las 72 horas: qué llevar y por qué

Setenta y dos horas es el plazo que las agencias de gestión de riesgo usan como referencia para el tiempo que una familia puede quedar sin ayuda externa después de un sismo destructivo. La mochila no es para sobrevivir un mes: es para cubrir ese hueco.

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Por qué tres días

Tras un sismo fuerte, los servicios de emergencia se saturan y priorizan búsqueda y rescate. Las vías quedan bloqueadas por escombros y deslizamientos, el suministro eléctrico cae y con él los sistemas de bombeo de agua, los cajeros automáticos y los puntos de venta. El acueducto suele interrumpirse por rotura de matrices subterráneas.

La cifra de setenta y dos horas es una convención operativa, no una garantía. En zonas rurales o de acceso difícil el plazo real puede ser mayor, y conviene dimensionar con ese margen si vive en una ladera, en una isla o al final de una vía única.

Agua: el cálculo que casi todos subestiman

Cuente cuatro litros por persona y por día: aproximadamente dos para beber y dos para higiene mínima y preparación de alimentos. Para una familia de cuatro personas durante tres días son cuarenta y ocho litros, un volumen que no cabe en una mochila y que hay que resolver con garrafas almacenadas en casa además del agua de transporte.

Rote el agua embotellada cada seis meses. Si almacena en recipientes propios, use envases de grado alimentario, etiquételos con la fecha y manténgalos al abrigo de la luz.

Contenido esencial

  • Agua potable: 4 litros por persona y día, mínimo 12 litros por persona para 72 horas.
  • Alimentos no perecederos listos para comer: enlatados, barras energéticas, frutos secos.
  • Abrelatas manual. Sin él, la mitad de las conservas es inútil.
  • Radio portátil AM/FM a pilas o de dinamo, para recibir boletines cuando caigan las redes móviles.
  • Linterna LED y pilas de repuesto. Nunca velas ni fósforos: puede haber fugas de gas.
  • Botiquín de primeros auxilios: gasas estériles, vendas, antiséptico, tijeras, guantes.
  • Medicación crónica para siete días, en su envase original con la receta.
  • Silbato de alta frecuencia. Se oye mucho más lejos que la voz y no agota a quien está atrapado.
  • Documentos en bolsa hermética: copias de cédula, pasaporte, títulos de propiedad, pólizas.
  • Efectivo en billetes de baja denominación. Sin electricidad no hay pagos electrónicos.
  • Batería externa cargada y cable, para mantener mensajería de texto.
  • Manta térmica aluminizada, muda de ropa y calzado cerrado de suela gruesa.
  • Copia de llaves de casa y vehículo.
  • Mascarilla antipolvo N95: el polvo de concreto y sílice tras un colapso es abrasivo.

Necesidades específicas que se olvidan

Los kits genéricos fallan en lo particular. Si hay bebés, añada fórmula, biberones, pañales y toallitas. Si hay personas mayores, incluya gafas de repuesto, audífonos con pilas y una lista escrita de medicación con dosis. Si alguien depende de insulina, resuelva la cadena de frío con antelación.

Para mascotas, calcule su agua y alimento aparte, y tenga transportín, correa y una foto reciente con el animal, útil para reclamarlo en un albergue.

Añada copias de las llaves, una lista de contactos en papel —los teléfonos memorizados solo existen en un móvil que puede quedar sin batería— y algo de entretenimiento sin pantalla para los niños. Lo último parece frívolo y no lo es: reduce el estrés en las horas de espera.

Dónde guardarla y cómo mantenerla

La mochila debe estar accesible sin cruzar la casa: cerca de la salida principal, no en el fondo de un armario ni en un sótano. Si es posible, mantenga un kit reducido en el vehículo y otro en el lugar de trabajo.

Revise el contenido cada seis meses coincidiendo con el cambio de hora o cualquier fecha fija: verifique caducidades de alimento y medicación, pruebe la linterna y la radio, y actualice la ropa de los niños, que dejan de tener su talla mucho antes de lo que uno recuerda.